El Mundial 2026 en la Ciudad de México no solo será un espectáculo deportivo, se ha convertido en un proyecto político y urbano que busca transformar la imagen de la capital frente al mundo. La jefa de Gobierno, Clara Brugada, presentó un Plan Integral de Movilidad y Seguridad que contempla electromovilidad, ciclovías en Calzada de Tlalpan, modernización del Metro y Tren Ligero, así como la instalación de 185 mil luminarias y 30 mil cámaras de vigilancia. La inversión anunciada asciende a 16 mil millones de pesos .
El discurso oficial habla de un “Mundial Verde”, con medidas como el impulso al trabajo remoto para reducir tráfico y la habilitación de scooters eléctricos gratuitos en zonas cercanas al Estadio Azteca. Sin embargo, detrás de esta narrativa de modernización y sustentabilidad, emergen tensiones sociales que no pueden ignorarse.
Por un lado, el comercio ambulante enfrenta restricciones severas. El gobierno capitalino ha anunciado el retiro de miles de vendedores del Centro Histórico, con el argumento de liberar calles y garantizar seguridad. Esta medida afecta directamente a quienes dependen de la economía popular, desde los puestos de fritangas hasta los vendedores de artesanías, que forman parte del paisaje cotidiano de la ciudad .
Por otro lado, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha declarado un paro nacional indefinido durante el Mundial, con plantón en el Zócalo, justo donde se instalará el Fan Fest oficial de la FIFA. Sus demandas incluyen la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 y mejoras salariales. Agricultores también han advertido bloqueos carreteros si no se atienden sus exigencias sobre precios justos y apoyo al campo .
La contradicción es evidente: mientras se busca mostrar una ciudad “ordenada, verde y segura” para turistas y cámaras internacionales, la vida cotidiana de quienes sostienen la capital —trabajadores, comerciantes, estudiantes— se ve amenazada por políticas de exclusión y contención. El Mundial, más que un evento deportivo, se convierte en un espejo de las desigualdades y tensiones que atraviesan la Ciudad de México.
La pregunta no es si la ciudad estará lista para recibir al mundo, sino si estará dispuesta a reconocer y dignificar a quienes la habitan. El Mundial puede ser una oportunidad para mostrar una capital vibrante y diversa, pero solo si se reconoce que la verdadera riqueza de la ciudad está en su gente, en sus calles vivas y en su derecho a protestar y trabajar.
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Ciudad
La Ciudad que se quiere mostrar y la Ciudad que se vive
El Tijeretazo Político
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