Por Ana Celia Montes VázquezJueves, 29 de Febrero de 202408:51 hrs1 min lecturaÁlvaro Obregón
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Como ha sucedido en elecciones anteriores, sean federales o locales, pero sobre todo cada seis años por aquello de la elección presidencial, vemos literalmente tapizado todo nuestro entorno ciudadano de cuanta propaganda electoral de todos los institutos políticos en contienda, además de la del propio Instituto nacional Electoral (INE). Y también, como de costumbre, resulta y sucede que todo eso representa una cantidad de dinero que de seguro no imaginan, calculan ni ponderan nuestros ciudadanos cerebros, pero que sí tiene mucha relación con nuestra existencia. ¿La razón? Sencilla, el dinero. Los recursos monetarios que sostienen la propia existencia de los partidos políticos del color que sean y del INE, por lo que pareciera que estamos atrapados en un callejón sin salida ni alternativa alguna: Por un lado y como ya lo mencioné, el vernos rodeados por cuanto mensaje para votar y por quién; por otro, el que con nuestros impuestos logrados con el sudor de nuestra trabajosa frente se financien todo este maremágnum propagandístico, ¡¡¡y eso que apenas vamos en el final de las precampañas y antecampañas!!! ¡¡Uf!!
En fin, al parecer la conclusión es sencilla: Nuestros derechos ciudadanos en este clima electoral y electorero son los de sostener económicamente las campañas sin chistar; recibir toda clase de mensajes de los partidos políticos y autoridades y, pero por supuesto, ir a votar.
Las cifras y los testimonios contenidos en el documento transforman la percepción de la violencia en la entidad: ya no se trata solo de grupos delictivos en pugna, sino de una maquinaria sistemática de absorción de adolescentes y jóvenes que opera ante la mirada indolente de las instituciones.
El diagnóstico expone una crisis multifactorial: violencia y abuso sexual como problemas más urgentes, seguidos por crisis de salud mental, adicciones, embarazo infantil y abandono escolar.