HISTORIAS EN EL METRO

TORNIQUETES

Ricardo Burgos Orozco

TORNIQUETES

Transporte

Noviembre 17, 2019 20:41 hrs.
Transporte Nacional › México Ciudad de México
Ricardo Burgos Orozco › Informativo Nacional

Ya nos dimos cuenta – los que viajamos continuamente en el Metro—que desde principios de este 2019 empezaron a cambiar de lugar los torniquetes de acceso de las estaciones de la Línea 2, desde General Anaya a San Antonio Abad.

Pensé que sólo iba a ser en una o dos. Fueron todas con excepción de Villa de Cortés. Al principio confieso me provocó desconcierto por la condenada costumbre de llegar a la entrada e inmediatamente cruzar los torniquetes, subir las escaleras y caminar hacia el andén.

Ahora no. Entras, compras tu boleto, subes e inmediatamente están los accesos con divisiones de acrílico, me imagino que para facilitar la orientación de los usuarios. Metiche de mí, como siempre, le pregunté a varios policías de las estaciones si sabían la razón por la cual se habían hecho esas modificaciones.

Un guardia con una barriga muy pronunciada, joven, de lentes y muy serio, me contestó cortante que él tenía poco tiempo asignado a esa zona y desconocía los motivos.

Contrariamente, una uniformada muy agradable me explicó con toda calma que se trata de dar mayor seguridad a los usuarios en las entradas a las estaciones. Antes cruzaban por los túneles subterráneos, que son muy peligrosos pese a los comercios que se encuentran ahí.

Sentí muy lógica su explicación porque de esa manera puedes atravesar seguro de lado a lado de la avenida sin necesidad de gastar en un boleto del Metro.

Por supuesto, le pregunté a la gente sobre el cambio. Un señor sesentón me comentó que le parecía muy bien. Él no compra boletos, usa su tarjeta de Inapam para el acceso y se siente más seguro con esta medida porque vive en la colonia Miravalle y todos los días cruza para el mercado de Portales, del lado poniente de Calzada de Tlalpan.

Recordó que el año pasado lo asaltaron en un túnel a desnivel ’unos chamacos borrachos. Les tuve que dar los únicos 200 pesos que traía y un reloj corrientito’.

En cambio, un chavo, con aspecto de estudiante, me dijo que no le veía caso al cambio ’puro gasto inútil porque les costó una buena lana mover los torniquetes, mejor que mejoren el servicio, los trenes siguen tardando mucho, se junta la gente y no cabemos. Cuando aumentaron el precio del boleto fueron puras promesas’.

Algo tienen que hacer también en Villa de Cortés –donde no cambiaron los torniquetes-- porque sus accesos son inseguros; las escaleras son de lámina, demasiado pronunciadas y peligrosas, sobre todo para las mujeres con tacones y familia. He visto a más de tres que han perdido el equilibrio subiendo y bajando de la estación.

Apenas el jueves al mediodía, una señora estuvo a punto de caer junto con los dos pequeños que traía en cada mano. Curiosamente, fue uno de los niños quien alcanzó a sostenerla de alguna manera.

Sigo confirmando, siempre hay mucho por hacer para mejorar el servicio del Metro.


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