El emblemático paso a desnivel de la avenida Hidalgo, acondicionado en la década de los 80s como proyecto de agilización en el tráfico citadino que compartía en la parte superior con el denominado Par-Vial del ahora desaparecido sistema de trolebús, una de las arterias más críticas que cruza el corazón del Centro Histórico de la capital jalisciense, transformándose en una peligrosa y potencial "cámara de gas" para miles de tapatíos.
Lo que originalmente fue diseñado como una obra de ingeniería moderna dotada de sistemas de extracción mecánica para garantizar la calidad del aire, hoy es un esqueleto de concreto donde el abandono institucional y la negligencia operativa amenazan con provocar una tragedia de proporciones mayores.
En un recorrido realizado por la zona, se constató que los antiguos nichos y cuartos técnicos que albergaban la maquinaria de ventilación han sido desmantelados o vandalizados. Estos espacios, ahora desprovistos de su propósito original, se han convertido en refugios improvisados para personas en situación de calle. La acumulación de basura, cartones y materiales flamables en estos puntos ciegos ha derivado en incendios recurrentes cuyas columnas de humo negro invaden el túnel, reduciendo la visibilidad a cero y forzando a los conductores a maniobras desesperadas en un espacio confinado.

Al ser una vía de salida natural hacia el oriente de la ciudad, los embotellamientos son la norma y no la excepción. Con los sistemas de extracción fuera de servicio, los gases tóxicos emitidos por los motores —principalmente monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno— quedan atrapados sin posibilidad de ser disipados hacia la superficie.
Para los automovilistas atrapados en el tráfico, la exposición prolongada a estas concentraciones de contaminantes representa un riesgo inmediato de intoxicación y mareos, factores que podrían desencadenar colisiones múltiples dentro del paso deprimido.
Resulta alarmante la aparente ceguera de las autoridades municipales y estatales ante este foco de inseguridad. Mientras los reportes de fogatas y asaltos en las entradas del túnel se acumulan, la respuesta oficial brilla por su ausencia.

Existe una percepción generalizada entre la ciudadanía de que la agenda de seguridad y mantenimiento urbano ha sido secuestrada por la urgencia de proyectar una imagen cosmética de Guadalajara de cara al próximo evento mundialista de fútbol.
La prioridad parece haberse desplazado hacia la inversión en zonas turísticas y estadios, dejando en el olvido la infraestructura básica que garantiza la vida cotidiana y la integridad de quienes habitan la capital jalisciense.

Las omisiones son graves, no hay eficacia en la vigilancia preventiva para evitar que los registros sean utilizados como dormitorios, no existe un programa de reposición de los extractores desmantelados y la señalética de emergencia es prácticamente inexistente o ilegible por el hollín.
Mientras el gobierno se enfoca en las luces del GDL y el brillo de la justa deportiva internacional, el túnel de avenida Hidalgo permanece como un recordatorio oscuro de que, bajo la superficie de una ciudad que busca ser vitrina mundial, se gesta una crisis de salud pública y protección civil que nadie parece querer ver hasta que el desastre sea inevitable, ¡Al Estilo Jalisco! tal y como decían los viejos tapatíos en ese dicho popular, estas autoridades, barren nada más donde ve la suegra.