El Tijeretazo Político
Joaquín Bojorges
La renuncia de Adán Augusto López Hernández a la coordinación del grupo parlamentario de Morena en el Senado no puede leerse únicamente como un gesto voluntario. Aunque el exsecretario de Gobernación aseguró que su salida responde al deseo de ’dedicarse al trabajo territorial rumbo a las elecciones de 2027’, la realidad política sugiere un trasfondo más complejo: presiones internas, escándalos mediáticos y el desgaste de su figura dentro del partido.
La unanimidad con la que los senadores eligieron a Ignacio Mier Velazco como nuevo coordinador refleja la urgencia de Morena por cerrar filas y evitar que los cuestionamientos sobre López Hernández se conviertan en un lastre para la bancada. El relevo, rápido y sin fisuras, evidencia que la renuncia fue menos una decisión personal y más una salida negociada para contener daños.
La crítica principal recae en la falta de transparencia: ¿qué peso tuvieron los señalamientos de presuntos vínculos con grupos delictivos en su salida? ¿Por qué Morena evita nombrar directamente las razones que debilitaron a uno de sus cuadros más visibles? La narrativa oficial habla de estrategia electoral, pero la opinión pública percibe un intento de encubrir crisis internas.
En un contexto donde la confianza ciudadana hacia los partidos se encuentra erosionada, la renuncia de Adán Augusto abre un debate mayor: ¿hasta qué punto las decisiones políticas responden a la voluntad de los actores y no a la presión de los escándalos? Morena, al optar por un relevo inmediato, busca proyectar estabilidad, pero deja sin respuesta las preguntas que más preocupan a la sociedad.