No es casualidad que tantos apellidos italianos terminen en -i. Su origen se remonta al latín y a la forma medieval de nombrar a las familias. En documentos antiguos, el plural se usaba para señalar pertenencia a un linaje: no se hablaba de una persona aislada, sino del grupo familiar. Así, Rossi significaba ’los de Rosso’, Bianchi ’los de Bianco’ y Bernardi ’los descendientes de Bernardo’.
Con el tiempo, esa forma plural quedó fijada como apellido. La -i se convirtió en una huella lingüística de origen compartido, familia y herencia histórica.
Que sea un buen día @inakiaa