Maullidos Urbanos
Gato de Barrio
Finalmente, la presidenta Claudia Sheinbaum envío a la Cámara de Diputados su propuesta de reforma política, aunque con la casi total certidumbre de que al no contar Morena con el voto de respaldo de sus ’aliados’, los partidos Verde y del Trabajo, prácticamente será un proyecto que no avanzará y se anticipa que su destino final será la congeladora legislativa.
Sin embargo, la mandataria anticipó que ya tiene un plan ’B’ para buscar que sus ideas se concreten mediante reformas a leyes secundarias, las cuales no requieren de la mayoría calificada para ser aprobadas, solo se requiere de la mayoría simple que en estos momentos si le alcanzan tanto a los diputados como a los senadores de Morena.
No es la primera vez que iniciativas presidenciales no prosperan. Cuando Andrés Manuel López Obrador fue presidente tuvo al menos tres reveses en sus propuestas. La primera fue su Reforma Eléctrica para favorecer a la Comisión Federal de Electricidad sobre particulares; si inicialmente sobrevivió por un voto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), finalmente fue anulada en 2024 al considerarse que se violaba la libre competencia.
Después, a finales de 2022, fracasó su plan ’B’ para intentar eliminar al INE y reducir el número de legisladores, para lo cual los morenistas avalaron un grupo de reformas legales a fin de anular al instituto, pero la Suprema Corte lo invalidó en 2023 al considerar la existencia de ’violaciones graves al procedimiento legislativo’.
El tercero fue cuando se intentó traspasar la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional, pero por lo ilegal de cambiar la Constitución para militarizar la seguridad pública, el gobierno optó por la vía de la ley secundaria y la SCJN, en un acto de congruencia legal, invalidó el traspaso al recordar que la Carta Magna mandataba un mando civil. Tras esta derrota López Obrador se propuso cambiar al Poder Judicial, mediante su plan ’C’.
Aunque por el momento no se precisa cómo se formularía el plan ’B’ de Sheinbaum, ahora tiene una gran y decisiva situación a su favor para que sus iniciativas sean avaladas: es, precisamente, la ’nueva’ SCJN, donde la mayoría de los ministros respaldan tanto las líneas como las políticas emanadas de Palacio Nacional y de Morena.
Es decir, en las actuales condiciones no existe un órgano que pueda declarar ya sea la invalidez de las reformas o bien de los métodos para sacarlas adelante, debido a que tanto la Suprema Corte como el Tribunal Electoral son órganos cooptados por el oficialismo y las posibilidades de que alguna impugnación pueda proceder, entonces serán casi inexistentes.
De esta forma lo que finalmente se le negó a López Obrador ahora podrá concretarlo Sheinbaum y, de esta manera lograr que Morena sea un partido de estado, con una oposición minimizada, por no decir casi desaparecida, a fin de que todo el marco legal se ajuste a sus necesidades y propósitos políticos y sociales.