Maullidos Urbanos
Gato de Barrio
Aunque la iniciativa de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez para impulsar la creación de panteones ecológicos pueda tener buenos propósitos, al ser una alternativa a los cementerios tradicionales, establecer inhumaciones ambientalmente responsables y acotar las cremaciones, deberá enfrentar y superar una serie de resistencias culturales, religiosas y tradicionales para ser aceptadas libremente por las personas.
Se argumenta que tanto la inhumación como la cremación generan impactos negativos, al contaminar el suelo y agua, al emitirse gases de efecto invernadero, por el uso excesivo de recursos naturales, y al iniciarse la descomposición de los restos se afectan el suelo y agua, además de otros productos químicos usados tanto para el ataúd como en el proceso de embalsamiento, en especial en casos de muertes violentas o sucedidas en hospitales.
Incluso para los entierros se utiliza gran cantidad de materiales de construcción como cemento y ladrillos. Acerca de las cremaciones se destaca que para su ejecución, al utilizarse la combustión implica la emisión de gases de efecto invernadero, generándose principalmente dióxido de carbono y metales como el mercurio.
En cambio, la idea es de que con panteones ecológicos se alentarían zonas arboladas, como áreas de preservación ecológica en centros de población, se inhumarían restos con acciones ambientalmente responsables, con nichos verdes y prácticas que apoyan la preservación y restauración del suelo con el uso de ataúdes, urnas o sudarios biodegradables.
Una propuesta de panteón ecológico sería, tras cremar al cuerpo, las cenizas se depositan, se entierran o sepultan y al paso del tiempo, se integran a la tierra, ya que se convertiría en composta para el ambiente; incluso, se puede comprar un lote que con un arbolito en el centro, el cual representaría a los seres queridos ahí ubicados.
En el papel todo suena positivo, pero para el mexicano que acostumbra velar a sus difuntos al menos dos días en ataúdes metálicos –para lo cual se requiere embalsamar el cuerpo para evitar posibles focos de contagio–, a fin de esperar al mayor número de dolientes quienes. además, acuden al panteón al entierro. Asimismo, después de la pandemia de covid, aunque las incineraciones aumentaron, la costumbre varió en adquirir nichos en iglesias, donde familiares y amigos en aniversario de natalicio o fallecimiento acuden a honrar al difunto.
De acuerdo con Ricardo Alfredo Romero Aguirre, investigador de la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma del Estado de México, el cambio en los procesos de inhumación podría generar un choque cultural, ya que existen ritos con décadas de arraigo entre la población mexiquense. Explicó: ’La muerte para nosotros significa la trascendencia a otro plano, y para eso existen rituales que ayudan a aceptar el duelo’.
Puntualizó que de incumplirse con estos rituales, la población considería que no se honra el último compromiso social con el ser querido, lo que puede tener repercusiones culturales y simbólicas. Agregó que los tipos de inhumación en la entidad se originan en culturas mesoamericanas, por ello será fundamental que las autoridades consideren este componente cultural al impulsar cambios. Y concluyó; ’Ha habido transformaciones desde el siglo XX por cuestiones religiosas, pero los ritos arraigados mantienen ese antecedente mesoamericano’.
Así, cuando se discuta en el Congreso mexiquense esta iniciativa se deberán escuchar no solo a representantes religiosos y empresarios funerarios, también incluir a sociólogos, antropólogos y tanatólogos, entre otros, con el fin de elaborar la mejor legislación posible, que atienda tanto las cuestiones ambientales como las necesidades espirituales de las personas.