Oremos por Ucrania que es orar por nosotros - -… deben arrepentirse de sus pecados! Llegó la hora final en que serán juzgados. ¡Abran los ojos! La puerta del Hades se abrió…’ - Tuxtla Gutiérrez - informativonacional.com.mx

Oremos por Ucrania que es orar por nosotros


-… deben arrepentirse de sus pecados! Llegó la hora final en que serán juzgados. ¡Abran los ojos! La puerta del Hades se abrió…’

Oremos por Ucrania que es orar por nosotros

Periodismo

Febrero 24, 2022 13:17 hrs.
Periodismo Nacional › México Chiapas
Mario Luis Altuzar Suárez › Informativo Nacional

Palabras que me obligan a voltear en medio del bullicio de la amorfa masa de seres humanos en la selva de concreto. Lo miro allí, casi en los huesos, desdentado, desaliñado, con túnica desaliñada, raída, zapatos rotos y sin embargo ¡con tanta energía en el movimiento de los brazos como palancas oxigenadoras al rugido de esa voz que cimbra los sentidos para penetrar a la conciencia… aunque no de todos, los que llevan prisa por llegar a quién sabe dónde, a quien sabe por qué. Y tiemblo:

-’Los hijos del Hombre se han condenado. ¡Caerán como un árbol ante la fuerza del rayo!’, y una joven voz masculina lo interrumpe:

-’¿Pero si Dios ha muerto, como proclamó en 1882 filósofo alemán Friedrich Nietzsche, y no fue el único, y antes, en 1880, el moscovita Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, servirá de algo el arrepentimiento para evitar el castigo Divino?’ Sin inmutarse ante la interrogante tan compleja, responde:

-’Dios es bueno, generoso y amoroso con sus hijos. ¡Jamás castiga! Una burda leyenda de los hombres y mujeres que institucionalizaron religiones con la inyección del pánico, para su aviesos fines económicos y políticos…’ le interrimpe otra voz juvenil:

-’¿Cómo llamar el hambre, la miseria, la muerte por invasiones, guerras y criminales?’

-’Flagelación de las élites políticas y económicas para satisfacer sus ambiciones y calmar, que no saciar, su sed de sangre y crean espejismos que invisten a sus víctimas en ricas y deslumbrantes vestimentas de Mariposa para inmolarlas en el ara de los sacrificios de cualquier doctrina, de cualquier bandera. ¡Es la propia organización humana sin la intervención Divina!’

La distracción causada por la visión y las palabras del harapiento, hace que tropiece en un puesto o kiosco de periódicos y revistas y leo los principales titulares: ’Inició la invasión militar’ que en cualquier parte de la historia puede corresponder a cualquier imperio o dictadura con nombres y formas diferentes y con el mismo fondo.

En la oquedad del portón de esta esquina, veo dos figuras acurrucadas en posición fetal y con lágrimas que les queman las mejillas y entiendo que dejaron a sus familias estaban allá, para emigrar y buscar un mejor futuro en esta parte del mundo y… difícilmente habrá un reencuentro en la desnaturalización del grito patriotero: ’Vamos a defender a nuestra Nación’, ¿será? ¿O así se ocultan ambiciones de los anónimos titiriteros de las sombras?


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