EL REFRANERO

NO LE HACE QUE LE AUNQUE, AL CABO QUE CON QUE

Rocío Ayala

NO LE HACE QUE LE AUNQUE, AL CABO QUE CON QUE

Política

Julio 21, 2020 18:02 hrs.
Política Nacional › México Estado de México
Rocío Ayala › Informativo Nacional

’La violencia simbólica se ha naturalizado a partir de las representaciones culturales, el lenguaje y el arte, el teatro, el cine y la televisión, chistes y bromas. Consideramos que los certámenes o concursos de belleza, son eventos que en este sentido exhiben a las mujeres mediante patrones socioculturales y bajo estereotipos de género, como un instrumento para enaltecer la concepción del cuerpo de la mujer como objeto y cuyo fin exclusivo es servir’ Expresó la diputada Wendy Briceño Zuloaga, presidenta de la Comisión de Igualdad de Género, a inicios de este mes.

Postura que lejos de ganar simpatía entre la comunidad mexicana, ganó mofas y severas críticas respecto al quehacer de esta comisión, que a decir de la vox populi, las diputadas en su papel de mujeres legisladoras, han dejado a la deriva tareas importantes como legislar para que en todo el país se tipifique el feminicidio como delito grave, se califique y se sancione como corresponde en relación a los cientos de muertes de mujeres que cada semana, mes y año, resultan abominables por su forma y constancia.

Sin embargo, la iniciativa impulsada por las Diputadas Beatriz Rojas de MORENA y Guadalupe Almaguer del PRD, busca incluir la violencia simbólica como uno de los tipos de agresión contra las mujeres. Dentro de este tipo de violencia, consideran la realización de concursos y certámenes de belleza o cualquier otro tipo de competencia con base en estereotipos sexistas, la belleza o la apariencia física de mujeres, niñas y adolescentes. Llama la atención que existe trabajo legislativo en torno a la tipificación del feminicidio como delito grave en la ciudad de México, legado que dejó la diputada Beatriz Rojas cuando formó parte de la Asamblea Legislativa de la CDMX. El trabajo que realizó, para nada lo sustentó en simulaciones, los testimonios que recogió al emprender tal cometido, fueron hechos reales, muertes de mujeres con antecedentes de violencia en todas modalidades (física, verbal, laboral y psicológica).

Podríamos preguntarnos, ¿en dónde está la falla? Nos encontramos con que dentro de los llamados grupos vulnerables como la comunidad LGBTTTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, travesti, transexuales, intersexual y queer), existen derechos como: Un trato digno y respetuoso, no ser víctimas de actos violentos, no ser víctimas de discriminación, decidir con quién relacionarse, el libre desarrollo de la personalidad, participar en la sociedad, en la vida pública y cultural, así como expresarse, reunirse y asociarse libremente. Derechos que definitivamente gozan de la invaluable potestad que concede el libre albedrío.

En ese sentido, en los concursos de belleza y todo tipo de certámenes, con todo y los asegunes que los caracterizan, va quien quiere ir, los motivos pueden ser muchos y variados, desde ganar fama y dinero, conseguir un ’buen y jugoso matrimonio’, ser el centro de atención del mundo de la ’belleza’, hasta el más humano y simple de todos: por mero gusto, porque se les da la gana ir y participar. Que estos certámenes no son para todas las mujeres, eso es muy cierto, por algo se llama concurso, porque es una competencia, una contienda, un enfrentamiento para ganar algo. Al tener claro ese concepto se admite que hay reglas, requisitos que cumplir. De otra forma sería imposible su realización y razón de ser. Entonces ¿dónde está la discriminación o la violencia simulada en algo que las personas, en este caso, las mujeres hacen porque se les da su regalada gana?

En efecto, la simulación está en la violenta iniciativa para considerar a los certámenes de belleza como promotores de violencia hacia las mujeres. Esa iniciativa es violenta porque no está encaminada a frenar la violencia contra las mujeres, toda vez que pretende limitar las aspiraciones personales de quienes quieren participar y pueden hacerlo. Además, es una iniciativa violenta cuando se atreve a dar como referencia de violencia simulada al arte, el teatro, el cine y la televisión, expresiones culturales donde la mujer juega un papel muy importante, por no decir imprescindible.

Por otro lado, recientemente comenzó a circular en redes sociales el folleto Belém do Pará, sobre la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. Debe su nombre a la Asamblea Extraordinaria realizada en Belém do Pará, Brasil en 1994 y que es un compromiso político que adquirieron 32 de los 34 países miembros de la OEA, para luchar contra la violencia hacia las mujeres.

En este folleto, se contempla que la violencia contra las mujeres –’constituye una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales y limita total o parcialmente a la mujer el reconocimiento, goce y ejercicio de tales derechos y libertades’. Entonces, si la Convención Belém do Pará establece el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia, ¿el impedir que las mujeres se manifiesten libremente, no es violencia? Claro que lo es y no es una simulación.

Para el tema que nos ocupa, esta convención, visibiliza los tres ámbitos donde se manifiesta la violencia hacia las mujeres, en la vida privada, en la vida pública y la violencia perpetrada o tolerada por el Estado. Tal vez las diputadas que promueven la prohibición de los certámenes de belleza y todo lo que se relaciones a ellos para evitar la ahora recién contemplada ’violencia simulada’, no leyeron esta parte del folleto, o tal vez no conocen lo que ahí se menciona. Me refiero a que, en esta propuesta, dejarán sin empleo a diseñadoras de modas, de imagen, estilistas, costureras, fotógrafas, maquillistas y más; todo en aras de la simulación de proteger a las mujeres. ¿Va en serio?

Si lo que se pretende es evitar la cosificación del cuerpo de la mujer, me parece que señalar a quienes gusten de participar en certámenes de belleza y cualquier otra competencia donde los requisitos sean parámetros como estatura y peso; será el cuento de nunca acabar. Porque señalamientos como éste, es violentar a la mujer y re victimizarla, lejos de empoderar a la mujer, se afianza la imagen de un ser frágil, débil e incapaz de realizarse por sí misma.

Algo que en lo personal me brincó, fue la parte donde la diputada Wendy Briceño señala que a la mujer se le ha violentado desde el arte, el cine el teatro y la televisión. Desde luego habría que desmenuzar una a una las áreas que mencionó, en ese sentido mi pregunta es, ¿acaso no ha sido lo mismo para el hombre, hablando del género masculino? La respuesta puede ser puntual como diversa, toda vez que las artes (todas) y los medios para expresarlas, tienen como materia prima a la humanidad en sí misma.

Me parece que el señalamiento de la diputada es aventurado, existen modelos (tipos) de ropa que resaltan (estilizan) la figura del cuerpo, verse bien o pretenderlo, ¿será ahora cosa mal vista? Peor aún, ¿bajo qué potestad serán sometidos y/o redefinidos los modales en función de la vestimenta donde el diseño también es un arte? En este punto se han justificado miles de asesinatos de mujeres, violaciones sexuales y violencia de todo tipo, ya que los perpetradores de esa violencia que no es simulada, se sienten ’motivados’ a dar rienda suelta a sus instintos cuando una mujer viste ropa ajustada, corta o con escotes.

Para hablar de la mujer o del hombre como objeto, tendríamos que voltear la mirada hacía las ’canciones de moda’, géneros musicales como el reguetón donde la mujer es el más preciado objeto de uso. Ahí de plano ni por dónde empezar con tanta barbaridad que se interpreta y le llaman música. Más allá de esos ejemplos, a este tema, le veo cara de pretender justificar lo que otras legisladoras han propuesto, que es el recorte al ya de por sí famélico presupuesto a la cultura. También puede ser que después de todo, lo llamado ’arte urbano’, ya no es tan agradable por lo que se refiere a posturas contraculturales, esas nuevas tendencias que causan picor en la sensibilidad del santo oficio de las bellas artes, quienes quiera que sean (la diputada en mención no).

Ojalá que esto no sea el preludio de una intención más perversa cuando se enfoca a las mujeres. Este presentimiento viene cuando se menciona la ’violencia simulada’. Si ya nuestro sistema judicial es una simulación porque no logra resolver nada, entonces, esta propuesta de "visibilizar, combatir y erradicar" la violencia simulada, ¿también es una simulación? ¿Quién, por qué y para qué querría semejante cosa? No lo sé, es simplemente que como mujer me siento violentada antes que representada por estas diputadas y ese sentimiento y esa violencia que ejercen sobre quien piensa distinto, no es una simulación.

Entendamos algo de una buena vez, ningún tipo de agresión o violencia es simulada, todo es real y los números incómodos dan origen a convenciones como la que hago referencia. Sí lo es, el empeño en crear "grupos vulnerables’ me parece, es el gran negocio político. Más allá de la cosificación, el desprecio por la dignidad de la vida y la discriminación. Por ejemplo, las personas que integran la comunidad LGBTTTIQ ¿por qué tienen la agobiante necesidad de luchar por sus derechos si por principio ya son humanos y humanas, ya son personas?

El resto de la sociedad en lugar de señalar, cosificar y discriminar, les deberíamos respetar su libre albedrío, sus gustos, su forma de vida y con esto seguramente no habría grupos vulnerables. Recordar que al inicio del reconocimiento de esta comunidad, también se dijo que era cosa de los malos gobiernos, que querían acabar con nuestras familias, que eran cosas de la extrema derecha. Hoy día, a través del tiempo hemos aprendido que es un asunto de políticas públicas mal habidas, de equívocos sociales que tratan de enmendar los daños cometidos contra quien se atreve a pensar, vestir y actuar diferente a lo establecido.

La comunidad LGBTT como los certámenes de belleza, me parece, son un tema que debería abordarse desde una óptica de contracultura, ya que tienen un principio básico: un tipo de pensamiento diferente al establecido. Me parece que quienes se animan a participar en un certamen de belleza es porque se sienten a gusto con hacerlo y eso no es malo, reitero, es en todo caso, un tema de conducta humana.

Lo malo está en la voracidad de los empresarios que se hacen ricos a partir de esta forma de pensar. Muestra de ello es el hoy presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien persiste en el litigio de propiedades en el caribe mexicano a raíz de su participación en el certamen de belleza Miss Universo en 2007; o las empresas fabricantes de ropa y calzado ‘de marca’ que se benefician cuando lanzan productos "unisex" o especial para la comunidad LGBTTTIQ. Todo es mercadotecnia y políticamente nos han vendido la idea de que "ser correcto" es comercializar lo que es distinto, lo que es un pensamiento diferente.

Aprendamos de la historia, nunca antes las empresas, ni los gobiernos se habían preocupado por la lucha de las mujeres y ahora, hasta resaltan en campañas publicitarias de los movimientos feministas. ¿Esa macabra estrategia, también es de los grupos en el poder? De ser así, entonces estamos jodidas, y tenemos a una derecha enquistada en lo que conocemos como izquierda. Por tal motivo no, los certámenes no son asunto de derecha o de izquierda y no seamos cómplices del sistema o los sistemas que en el mundo así quieren que los veamos. Los certámenes y participar en ellos, es un asunto de libre albedrío y debemos ser tolerantes y respetar las decisiones de cada quien, solo así ningún sistema prosperará en la comercialización de los gustos y sentires de las personas y la erradicación de la violencia contra las mujeres, no será una simulación.

En calidad de mientras, desinformación es lo que predomina en este intento de ’salvar’ a las mujeres. La idea de legislar sobre violencia simulada es harto delicada, pues no se trata de un asunto de izquierda o de derecha, es más un tema de respeto. La creación y sobrevaloración de los estereotipos y el aumento de la discriminación y la violencia hacia las mujeres, no es algo nuevo y tampoco nació con la expresión de las artes como refiere la legisladora. A ver si no nos salen como la canción ’no le hace que le aunque, al cabo que con que’. Que nuestras diputadas con el afán de no quedar mal en esta transformación de cuarta, quieran legislar al ’ahí se va’, sin ton ni son.


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