El Tijeretazo Político

¡Ni la tortilla se salva! En este régimen

¡Ni la tortilla se salva! En este régimen
Industria
Marzo 09, 2026 23:03 hrs.
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Joaquín Bojorges › Informativo Nacional

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¡Ni la tortilla se salva! La reciente sanción de la Profeco en Tamaulipas contra cuatro tiendas de autoservicio por vender tortillas en hieleras ha encendido el debate. El delegado Manuel Leal Villarreal advirtió que este almacenamiento expone el producto al calor, afecta su calidad y pone en riesgo la salud de los consumidores. Además, recordó que la venta de tortillas a domicilio mediante motocicletas también está prohibida, pues no garantiza condiciones adecuadas de conservación.

Las multas pueden alcanzar hasta 4 millones de pesos, una cifra que para muchos pequeños negocios resulta impensable. La autoridad insiste en que no busca castigar la tradición, sino proteger al consumidor. Sin embargo, la realidad en México es más compleja: en la mayoría de los pueblos y colonias populares, la venta de tortillas en bolsas sencillas, sin etiquetado ni empaquetado formal, es la forma cotidiana de subsistencia. Las tortillerías pequeñas carecen de infraestructura para cumplir con normas de empaque industrial, y la venta a domicilio en motocicletas es práctica común que acerca el alimento básico a las familias.

Aquí surge la pregunta de fondo: ¿se trata de elevar estándares sanitarios o de redirigir el consumo hacia los supermercados? Porque mientras las grandes cadenas cuentan con capacidad para empaquetar y etiquetar, los pequeños productores y vendedores tradicionales quedan en desventaja. La tortilla, símbolo de identidad y sustento diario, se convierte en campo de disputa entre la norma oficial y la vida cotidiana.

La columna vertebral de este debate es la equidad. Regular la venta de tortillas exige sensibilidad: proteger la salud sin ahogar las formas tradicionales de subsistencia. La Profeco cumple con su mandato de velar por el consumidor, pero debe reconocer que la tortilla no es un producto cualquiera: es parte de la cultura, de la economía popular y de la memoria colectiva.

La tortilla no debería ser rehén de la burocracia ni privilegio de los centros comerciales. La regulación es necesaria, sí, pero también lo es la empatía hacia quienes, con una bolsa y una motocicleta, sostienen la mesa de millones de mexicanos.

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