El Tijeretazo Político
Joaquín Bojorges
Este 5 de septiembre, Día Internacional de la Mujer Indígena, México izó por primera vez la bandera nacional en conmemoración oficial. El gesto, aunque simbólicamente potente, contrasta con una realidad que sigue marcada por la exclusión, la simulación y el uso político de las mujeres indígenas como figuras decorativas en el discurso institucional.
La fecha honra a Bartolina Sisa, líder aymara asesinada en 1782 por resistirse al dominio colonial. Su legado de resistencia inspira a miles de mujeres indígenas que hoy defienden territorios, lenguas, saberes y derechos colectivos. Sin embargo, en el México contemporáneo, su memoria convive con una práctica política que las incluye en papeles secundarios, sin garantizarles voz ni poder real.
Pero, ¿Cuántas mujeres indígenas ocupan cargos públicos?
La respuesta es tan reveladora como preocupante: no existe un registro público, transparente y desagregado que permita saber cuántas mujeres indígenas ocupan diputaciones, senadurías o secretarías de Estado. Lo que sí sabemos:
- En la Cámara de Diputados, las acciones afirmativas del INE reservaron 21 espacios para personas indígenas en 2021. De esos, al menos 11 fueron ocupados por mujeres.
- En el Senado, la representación indígena es mínima. En el periodo 2018–2024, solo una senadora se identificó como indígena: Nestora Salgado.
- En el gabinete federal actual, ninguna mujer indígena encabeza una secretaría de Estado.
Diversas organizaciones han denunciado que los partidos políticos instrumentalizan la figura de la mujer indígena para cumplir con cuotas o mejorar su imagen pública, sin garantizarles autonomía ni condiciones reales de participación. En algunos casos, incluso se han documentado usurpaciones de identidad, donde personas no indígenas ocupan candidaturas reservadas para pueblos originarios.
La inclusión simbólica no basta. Las mujeres indígenas denuncian que:
- Se les invita a participar, pero no se les deja decidir.
- Sus luchas son reducidas a temas culturales, ignorando su dimensión política y estructural.
- Enfrentan violencia política, discriminación interna y marginación institucional.
La verdadera inclusión exige:
- Transparencia institucional sobre quiénes ocupan cargos por origen étnico y género.
- Formación política comunitaria, con recursos y acompañamiento.
- Mecanismos de participación directa, no solo representativa.
- Protección frente a violencia política, especialmente en contextos rurales y comunitarios.
¿Qué celebramos este 5 de septiembre?
Celebramos la resistencia cotidiana de miles de mujeres indígenas que, desde sus territorios, sostienen comunidades, defienden derechos, preservan lenguas y educan con dignidad. Pero también denunciamos una práctica política que las usa como símbolo, sin transformar las estructuras que las excluyen.
La bandera izada este año no debe ser un gesto vacío. Debe ser el inicio de una política pública que reconozca, escuche y respalde a las mujeres indígenas como sujetas políticas plenas, no como figuras decorativas.