En un acto cargado de memoria y dignidad, la alcaldesa de Iztapalapa, Aleida Alavez Ruiz, encabezó este jueves una ceremonia conmemorativa por el 40 aniversario del terremoto de 1985, rindiendo homenaje a las víctimas que reposan en la fosa común del panteón San Lorenzo Tezonco.
Desde el monumento dedicado a quienes perdieron la vida en aquel trágico 19 de septiembre, Alavez Ruiz, acompañada por su gabinete y trabajadores de la alcaldía, dirigió una guardia de honor y el izamiento de la Bandera a media asta. La banda de guerra interpretó la marcha del Silencio, mientras se guardaba un minuto de respeto por los ausentes.
Con profunda emoción, la alcaldesa reflexionó sobre el poder del silencio como testimonio del dolor que no puede ser nombrado. ’La memoria no busca alivio, sino conciencia de lo que quedó abierto, pendiente y sin justicia’, expresó con voz entrecortada.
Alavez Ruiz subrayó que este homenaje no pretende imponer un relato, sino abrir espacio para lo que nunca se resolvió. ’A veces, la justicia no es un acto de sanación, sino la decisión de no olvidar, aunque nos duela’, dijo, en alusión a las víctimas anónimas que, aún sin nombre, resisten en la memoria colectiva.

Durante la ceremonia, también se recordó a quienes buscaron incansablemente a sus seres queridos sin obtener respuesta. La alcaldesa destacó que el mausoleo no clausura ni sepulta nada, sino que reconoce todo lo que falta: ’Este lugar es para el duelo, la ausencia y el respeto hacia lo que no se puede nombrar’.
Alavez Ruiz reiteró las lecciones que dejó el sismo: la fragilidad de la vida y la urgencia del cuidado mutuo. ’Protegernos no es un gesto opcional’, afirmó, comprometiéndose a seguir construyendo una comunidad que valore el respeto como principio fundamental.
Finalmente, agradeció la presencia de la Marina y la Policía Auxiliar, reconociendo su papel como primeros respondientes en situaciones de emergencia.
La alcaldesa concluyó con un llamado a la memoria colectiva: ’Honrarlos es comprometernos con un país que no repita la indiferencia, que entienda que la fragilidad no es debilidad, sino razón para cuidarnos más’.
Este homenaje, lejos de cerrar una herida, busca sostener una memoria viva que interpela al presente y exige justicia desde el respeto y la dignidad.