El Carnaval de Mujeres de San Pablito, símbolo de identidad y tradición en Chiconcuac, fue opacado este año por la llegada en helicóptero del presidente municipal Rafael Vázquez de la Rosa, su esposa Denys Magaly Estrada Castillo, presidenta honoraria del DIF municipal, y la reina del carnaval.
La aeronave Bell 206 aterrizó en los campos de fútbol de la comunidad, en medio de música de banda y aplausos de algunos asistentes. Sin embargo, la escena, difundida ampliamente en redes sociales, despertó más críticas que celebraciones. Para muchos habitantes, el despliegue aéreo reflejó un gesto de ostentación y distancia frente a las necesidades cotidianas del municipio.
Aunque el ayuntamiento aseguró que el traslado fue costeado por los organizadores y la familia de la reina, sin uso de recursos públicos, la explicación no disipó el malestar. Vecinos señalaron que, en un contexto de carencias en servicios básicos y demandas comunitarias sin atender, la imagen de los funcionarios descendiendo de un helicóptero resulta ofensiva y desconectada de la realidad local.
El carnaval, que históricamente ha sido un espacio de encuentro popular y preservación cultural, se convirtió en escenario de un contraste incómodo: mientras la comunidad sostiene la tradición con esfuerzo, sus autoridades se presentan con un despliegue que parece más espectáculo político que participación genuina.
Este episodio abre un debate necesario: ¿qué significa que los representantes municipales lleguen a una fiesta popular como si fueran figuras de espectáculo? ¿Es cercanía con el pueblo o un recordatorio de la desigualdad que separa a los gobernantes de sus gobernados?