El Tijeretazo Político
Marco A. Bojorges
El polémico Tren Maya, símbolo de sobrecostos y decisiones improvisadas, vuelve a estar en el ojo del huracán. En el Tramo 5 Sur, entre Cancún y Tulum, se documentó el hundimiento de un viaducto elevado. Las imágenes muestran cómo la estructura está siendo apuntalada de manera provisional, mientras un trabajador advierte a un ciudadano que ’está prohibido grabar’. Esa frase, más que proteger la obra, desnuda la opacidad que rodea al proyecto con un costo total del proyecto: supera los 500 mil millones de pesos, tras múltiples ampliaciones presupuestales.
El tramo 5 Sur originalmente diseñado como subterráneo, se modificó a viaducto elevado, lo que incrementó costos y riesgos.
Sobre todo que se encuentra en terreno kárstico. La selva de Quintana Roo se asienta sobre suelos frágiles, con cavernas y cenotes. Ingenieros han advertido que es un terreno inadecuado para soportar estructuras pesadas.
Existe evidencia ciudadana de colectivos como Sélvame del Tren y especialistas en ingeniería civil han difundido videos y fotografías del hundimiento.
Lo que vemos no es un accidente aislado, sino el resultado de errores de planeación y de una política de ’hacer a toda prisa’. El apuntalamiento improvisado de un puente que ya presenta hundimientos es un símbolo de la fragilidad del proyecto. Y la prohibición de grabar revela un intento de silenciar la crítica ciudadana. El Tren Maya se ha vendido como motor de desarrollo, pero los hechos muestran otra cara: deforestación masiva, riesgos para los acuíferos, sobrecostos exorbitantes y ahora, fallas estructurales. Que lo llevarán a un colapso que pondría en peligro vidas humanas, el hundimiento evidencia la vulnerabilidad de los cenotes y acuíferos.
El viaducto que se hunde en el Tramo 5 Sur es más que un problema técnico, es la metáfora de un proyecto que se tambalea en sus fundamentos. La frase ’una tragedia que no tarda en suceder’ no es alarmismo, es una advertencia fundada en datos duros y en la realidad visible.
La exigencia ciudadana debe ser clara, con auditoría técnica independiente, transparencia en los costos y medidas de seguridad urgentes. Porque lo que está en juego no es solo un tren, sino la vida de quienes lo usarán y el equilibrio de un ecosistema único.