En una jornada parlamentaria marcada por el rechazo legislativo, la Cámara de Diputados frenó la pretendida reforma electoral impulsada por la titular del Ejecutivo Federal, al no alcanzar la mayoría calificada necesaria para su aprobación.
Pese a los esfuerzos del bloque oficialista, la propuesta fracasó en convencer incluso a sus propios aliados estratégicos, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), quienes se sumaron al bloque opositor para sepultar la iniciativa.
Con un tablero final de 259 votos a favor, 234 en contra y una abstención, el proyecto quedó lejos de los dos tercios requeridos, evidenciando una fractura profunda en la coalición gobernante frente a una reforma que fue percibida como una imposición centralista.
La negativa fue contundente desde diversos frentes, destacando que el PVEM y el PT votaron en contra en su mayoría, desmarcándose de la línea dictada desde el Palacio Nacional.
En el Partido Verde, solo una minoría de 12 legisladores respaldó el proyecto, mientras que en el PT la rebelión fue casi absoluta, con apenas un voto a favor por parte de Jesús Corral Ordoñez.

Esta falta de cohesión interna en el oficialismo se sumó al rechazo total y unánime de las bancadas del PAN y Movimiento Ciudadano, así como del PRI, que junto a la diputada Guadalupe Mendoza Arias del Movimiento del Sombrero, consolidaron un muro infranqueable contra la modificación de las reglas democráticas del país.
Incluso dentro de las filas de Morena, la disciplina partidista se vio comprometida, ya que las diputadas, Giselle Yunueen Arellano Ávila, Alejandra Chedraui Peralta y Santy Montemayor decidieron votar en contra de la línea de su propio partido.
Entre las ausencias legislativas que resultaron clave, estuvieron, por motivos de salud y abstenciones estratégicas, como la de Raúl Bolaños Cacho del PVEM, la votación dejó claro que la propuesta de la mandataria federal no logró generar el consenso mínimo indispensable, naufragando ante una oposición que, junto a los aliados desertores, defendió la autonomía de las instituciones electorales frente al intento de reforma institucional, aunque ha trascendido que ya existe un plan ’B’, mismo que ya inició con el hostigamiento de algunos personajes cuyo rechazo al proyecto fue abierto desde su presentación a las comisiones, razón por la cual temen embates viscerales de esta cuarta transformación.