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EN LAS NUBES

Allende, Homero. Y la verdad con un lápiz y un papel

Carlos Ravelo Galindo

Allende, Homero. Y la verdad con un lápiz y un papel

Literatura

Enero 23, 2022 16:39 hrs.
Literatura Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › Informativo Nacional

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México publica en el Diario Oficial dea la Federación de la secretaría de gobernación, que nos acerca el abogado Jorge Alberto Ravelo Reyes, a quien agradecemos, la historia del prócer Allende.

Ignacio Allende y Unzaga fue un capitán de milicias novohispano que participó en el inicio de la lucha por la Independencia de México.

Nació el 21 de enero de 1769, en la villa de San Miguel el Grande, hoy San Miguel de Allende, Guanajuato, por entonces un importante centro mercantil y agrícola.
De joven declinó los estudios y optó por la carrera militar.

En 1795 ingresó como teniente del Regimiento de Dragones de la Reina.

Desde 1808, ante la crisis del imperio español por la invasión francesa, Allende fue uno de los principales partidarios de la independencia novohispana y formó parte de conspiraciones en San Miguel, Celaya, Querétaro y México.

Tras el fracaso de la conspiración de Valladolid, en 1809, se organizó otra en Querétaro, en casa del corregidor Miguel Domínguez, donde se discutía la posibilidad de un movimiento armado para derrocar a las autoridades constituidas y conformar un gobierno propio.

Participaban de manera destacada, Miguel Hidalgo y Costilla, párroco de Dolores, Guanajuato, así como los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama.

Como resultado, se planeó un levantamiento que debía iniciar el 1 de octubre de 1810, en San Juan de los Lagos; sin embargo, al ser descubiertos, Hidalgo adelantó la insurrección el 16 de septiembre, en el pueblo de Dolores.

Hidalgo asumió el liderazgo político del movimiento; por su parte, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo organizaron las primeras tropas.

El ejército insurgente creció de manera vertiginosa, hasta alcanzar decenas de miles de hombres y mujeres.

Pronto controlaron las ciudades de Celaya, Irapuato, Silao y Guanajuato, donde las fuerzas se reorganizaron para dirigirse a Valladolid, actual Morelia, con un total de 80 mil soldados.

Reunido el contingente en Celaya, el liderazgo de los jefes fue reconocido por aclamación directa de la tropa, el 21 de septiembre de 1810.

Hidalgo fue nombrado capitán general, Allende recibió el grado de teniente general y Juan Aldama el de mariscal de campo.

El Ejército Insurgente Libertador fue organizado definitivamente en Acámbaro, el 22 de octubre de 1810.

La insurgencia dirigió sus huestes a la Ciudad de México y derrotó al ejército realista en la batalla de Monte de las Cruces, cercano a Toluca, el 30 de octubre.

Sin embargo, Hidalgo decidió no emprender el ataque contra la capital novohispana, optando por el regreso al Bajío. Poco después los insurgentes fueron derrotados en la batalla de Aculco, el 7 de noviembre. Hidalgo regresó a Valladolid y Allende se dirigió a Guanajuato.

A pesar de sus esfuerzos, pronto perdieron ambas plazas y se concentraron en Guadalajara. La derrota de la batalla de Puente de Calderón, en las cercanías de Guadalajara, el 17 de enero de 1811, fue determinante para la disolución del primer movimiento insurgente.

Derrotados, emprendieron el camino hacia el norte del país.

En Zacatecas, Allende asumió la jefatura militar del movimiento. Los primeros jefes insurgentes fueron emboscados y capturados en las norias de Acatita de Baján, Coahuila.

De ahí fueron trasladados a la ciudad de Chihuahua, donde fueron encarcelados, sometidos a juicio y fusilados.

Ignacio Allende fue ejecutado el 26 de junio de 1811.

En la actualidad, sus restos mortales reposan en el mausoleo de la Columna de la Independencia, en la Ciudad de México.

Día de fiesta y solemne para la Nación. La Bandera Nacional deberá izarse a toda asta’.

Homero: ’No hay cosa, de cuantas respiran y andan sobre la Tierra, más lamentable que el hombre’. Homero por supuesto tenía y tiene razón: lo único más lamentable que el hombre son otros hombres.

Y Arnoldo Kraus médico y escritor nos recuerda también en El Universal, en las notas prudentes, que cualquier periodista debe leer, estudiar, asimilar y, como nosotros, compartir.

Tengo la vieja, muy vieja costumbre, hoy antediluviana, de cargar conmigo pequeños papeles —papelitos, reciclables, ¡faltaba más!— donde anoto ideas, cuestiones no resueltas, citas dignas de olvido, y citas imprescindibles.

Por la noche, antes de intentar ordenar mi cabeza y mis cosas, ambas misiones, con frecuencia imposibles, reviso mis papelitos, los tacho, los elimino o inauguro uno nuevo donde anoto los pendientes.

Los papelitos son una extraña, indispensable y anticuada costumbre.
Me acompañan desde nosecuando, pero, probablemente a partir de la fecha cuando me enteré de la falta de fiabilidad de nuestra especie, de las fracturas de la memoria.

Con el tiempo, y ante la asonada de tanta información, ese espacio pervive e incluso es cada vez más necesario.

Mis papelitos concentran todo; citas, pendientes de hoy, de ayer, de antier, de antes de antier y muchos antes del antier más cercano.

Todo lo anoto con lápiz, inmejorable compañero, el cual, por ahora, sigue vivo a pesar de los Smartphones.

Las notas con lápiz pueden enmendarse, borrarse o corregirse con facilidad.
Al cumplir con su tarea, o cuando ya era incumplible por vetusta, los papelitos siguen su destino, la basura.

Del último, el de hoy, sólo sobrevive una oración y un nombre. Homero, cuyo nombre todos repetimos y de cuya obra poco sabemos: me incluyo en ambos rubros.

Hace 2,800 años aproximadamente —Homero nació en el siglo VIII antes de nuestra era—, sin saber nada de la agenda actual, i.e., cambio climático, Antropoceno, pérdida de la capa de ozono, contaminación del aire, Greta Thunberg y, entre otros, de la acumulación en mares y ríos de plásticos
Homero señaló: ’No hay cosa, de cuantas respiran y andan sobre la Tierra, más lamentable que el hombre’.¡Eureka!

Homero advirtió, Homero se adelantó, Homero convivió con sus pares, Homero presagió el fin de la humanidad:
Homero fue inmenso: no fue ni profeta ni prestidigitador, fue sabio: conocía a sus congéneres.

En el mundo homérico el número de habitantes era de 8 millones.
En nuestro tiempo, la Tierra, ¡pobre Tierra!, alberga 7,920 millones más las decenas de miles que se acumulen mientras se publica el artículo.

El brete, con o sin escepticismo, es enorme:
Cada día nacen 367,000 personas y mueren 154,000.
El crecimiento aproximado de la población es de 213,000 personas cada día.
Pobres de nosotros, muy pobres de los recién llegados, pobre Tierra: más y más humanos.

Más de lo mismo pero peor: entre más habitantes, más hambre, más refugiados, más migrantes, más terroristas, más fanáticos religiosos, más execrables políticos, más semaforistas, más pobreza, más desigualdad, más...
Releo a Homero.

Hojeo uno o dos periódicos, escucho la radio.

Basta leer los encabezados: todos deprimen, todos hablan de seres humanos: de lo que se hacen unos a otros, de cómo se matan, de cómo crece el odio, y de cómo destruimos la Tierra, nuestra única casa.

Releo mi último papelito: ¿existe la auto-revocación del mandato presidencial como sucede bajo la égida de Andrés Manuel López Obrador?

Mis amigos eruditos me han respondido, ’no’. Sería fantástico conocer la opinión de Homero sobre la auto-revocación del mandato presidencial.

Homero: ’No hay cosa, de cuantas respiran y andan sobre la Tierra, más lamentable que el hombre’. Homero por supuesto tenía y tiene razón: lo único más lamentable que el hombre son otros hombres. La verdad es otra cosa’, concluye.

Y otro experto, el licenciado, maestro y lingüista don José Antonio Aspiros Villagómez confirma sobre la verdad:
’Qué interesante el comentario de doña Sabina Berman.

Es como llevar al público lo que nos enseñaron en la carrera de periodismo y abundamos por nuestra cuenta después, en un aprendizaje sin fin porque las nuevas tecnologías han trastocado todavía más el tema de la realidad.
La cual, diré otra vez, no deja de ser relativa.

Y al expresar eso, difiero un poco de la aseveración de que no puede evitarse la mediación del periodista entre la (supuesta) realidad y el público.

Creo que el periodista comenzó a ser rebasado cuando la gente en general se apoderó de la información vía sus celulares y las redes sociales, y comenzó a difundirla directamente.

Podemos alegar que ellos no conocen ni aplican los valores y las técnicas del periodismo y por ello podrían mentir y distorsionar como de hecho sucede en muchos casos, pero aún así es tal su impacto, que hasta los propios reporteros tienen al twitter y demás redes como fuentes de información y las aprovechan "ad nauseam".

No me extiendo más. El tema es importante para todos (fuentes, informadores y público) y quienes nos dedicamos profesionalmente a ello debemos estar atentos y al día’.

Viva Homero y sus seguidores, abundaríamos. Los que leen, escriben y comparten.

craveloygalindo@gmail


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