El Tijeretazo Político
Joaquín Bojorges
La historia se repite, pero esta vez con otro nombre y el mismo tufo a impunidad. El programa Alimentación para el Bienestar, creado para sustituir a Segalmex tras el escándalo de corrupción más grande en la historia reciente del sistema alimentario mexicano, parece estar siguiendo el mismo libreto: empresas fantasma, contratos simulados, domicilios falsos y robo de identidades. ¿Estamos ante otro fraude multimillonario bajo el discurso de la transformación?
Según investigaciones periodísticas y legislativas, cinco empresas —Konkistolo, FamilyDuck, Grupo Pelmu, Abastémade y Todólogos.com— recibieron cerca de 2 mil millones de pesos mediante procesos opacos y presuntamente amañados. Las direcciones fiscales no existen, los representantes legales son personas enfermas o desempleadas, y los contratos muestran una competencia simulada. El patrón es demasiado familiar.
Lo más grave no es solo el desvío de recursos, sino el cinismo institucional. Mientras millones de mexicanos enfrentan hambre, escuelas sin insumos y hospitales colapsados, el dinero público termina en cuentas privadas. ¿Dónde está la transformación prometida? ¿Dónde está la rendición de cuentas?
La respuesta oficial ha sido el silencio. Ni la Secretaría de Bienestar ni el nuevo gobierno han ofrecido explicaciones claras. Y cuando se exige transparencia, la narrativa se refugia en el combate a la ’herencia neoliberal’, como si el saqueo actual fuera menos grave por tener otro color político.
Este caso no es aislado. Es parte de una tendencia preocupante: programas sociales convertidos en botines, instituciones debilitadas y una ciudadanía cada vez más desconfiada. Si Alimentación para el Bienestar termina como Segalmex, no será por falta de advertencias, sino por exceso de complicidad.
La pregunta ya no es si hubo fraude. La pregunta es quién lo permitió, quién lo encubrió y quién se beneficiará del silencio.